El desierto no está vacío. En Tozeur está dibujado. El ladrillo se vuelve textil. Las palmeras hacen un segundo techo.
Los arquitectos vienen aquí como antes se iba a las torres de vidrio. Vienen a estudiar la sombra.
Una buena estancia en Tozeur es lenta: ladrillo por la mañana, palmeras al mediodía, desierto a la hora en que el calor dice la verdad.
Los arquitectos vienen aquí como antes se iba a las torres de vidrio.
Desde Tozeur el camino sigue hacia Douz, luego el Gran Erg. Oasis, umbral, duna — una de las grandes frases de Túnez.
Si 2060 aún tiene ciudades que merecen visitarse, habrán aprendido lo que Tozeur ya sabe: el ornamento puede ser estructura, y el silencio un espacio público.
Sara El Mekki